¿Has visto esto? me preguntó mi colega Mariela Cánepa en un hospital en Port-au-Prince, la capital de Haití, en el 2005. Lamentablemente, lo había visto. Se refería a un niño muerto cubierto por una sábana, mientras las moscas zumbaban alrededor del cadáver, al parecer abandonado en un pasillo del hospital. Durante los días posteriores a la visita, esa imagen fue una pesadilla recurrente para mí. También fue una prueba de la situación ya desesperada de los hospitales en este injustamente castigado país.
Fui a Haití en dos oportunidades. La primero en 1993 como jefe de una misión de las Naciones Unidas para determinar los efectos del embargo de las Naciones Unidas sobre la población, y de nuevo en 2005 para evaluar la cooperación de la Organización Panamericana de Salud.
Después de mi primera visita, llegamos a la conclusión de que, aunque el embargo había agravado la situación de la población, el mayor daño a los haitianos fue causado por los gobiernos ineficaces y corruptos que habían plagado la historia de esta isla, así como por la influencia nociva de los potencias coloniales. Esa influencia nociva, particularmente de Francia, tiene efectos aun hoy en día.
Durante mi segunda visita en 2005, tuve oportunidad de experimentar lo que significa vivir en un clima de violencia, que es un factor cotidiano en la vida de este país. Habíamos decidido visitar Cité Soleil, para ver que servicios de salud estaban disponibles a la población. Cité Soleil es un área marginal localizada en el área metropolitana de Port-au-Prince.
Esta zona, donde vivían entonces entre 200.000 y 300.000 personas es una de las áreas más pobres, violentas y peligrosas de nuestro hemisferio, con una gran carencia de servicios básicos a la población. Para dar una idea de su peligrosidad la policía no se atreve a entrar allí.
Aunque la Misión Estabilizadora de las Naciones Unidas (MINUSTAH) está en Haití desde el 2004, siempre intentó, infructuosamente, tener control sobre esa zona, la que mantenía bloqueada con tanques armados. Cuando manifesté mi deseo de visitar esa área, me dijeron que la única forma de hacerlo era en un tanque militar armado.
A mi y a mi colega que me acompañaba en esta misión nos dieron sendos chalecos anti-balas y en un tanque con custodia militar nos acercamos a la zona. Una vez llegados allí, la custodia militar nos informó que no podía garantizar nuestra seguridad y que debíamos esperar por un par de horas en una barraca militar de Naciones Unidas localizada a la entrada de Cité Soleil.
Rodeados de soldados jordanos de Naciones Unidas esperamos un cambio en la situación. Allí pudimos ver de cerca la frustración de estos soldados jordanos al estar en una situación y un país para ellos totalmente desconocidos e incomprensibles. También pude ver su cara de felicidad y sorpresa cuando, utilizando las pocas palabras árabes que recordaba, me dirigí a ellos en ese idioma. Aun esa rudimentaria comunicación fue capaz de romper, transitoriamente, la monotonía en que viven allí estos soldados.
Al cabo de casi 3 horas, el jefe de nuestra custodia regresó y nos dijo que ellos no podían garantizar nuestra seguridad, por lo que tuvimos que regresar sin haber podido visitar esa zona. Un año más tarde, en Enero del 2006, dos de estos soldados jordanos fueron asesinados en Cité Soleil, triste corolario de una situación casi insostenible para ellos.
Cuando el primer terremoto asoló al país el 12 de Enero del 2010, su epicentro estaba localizado apenas afuera de la capital Port-au-Prince. Curiosamente, la mayoría de las casuchas de Cité Soleil resistieron el embate y los Médicos Sin Fronteras fueron capaces de reabrir el hospital localizado en el centro de esa zona. Los miembros de pandillas que escaparon de las prisiones luego de los terremotos están regresando a Cité Soleil, lo que aumenta notablemente la situación de inseguridad en esa zona.
No sería justo, sin embargo, llegar a la conclusión fácil de que todo está mal en Haití. En mis dos visitas, quedé fuertemente impresionado por el espíritu emprendedor de los haitianos, incluso de los pobres, y por su fuerte deseo de progreso y de una mejor educación. Todavía recuerdo que saliendo de mi privilegiada estadía en el Hotel Montana, ahora totalmente destruido, vi a los niños ir a la escuela, impecablemente limpios y bien vestidos. Y me pregunté cómo eran capaces de obtener el agua necesaria para cubrir sus necesidades básicas.
También aprendí que si bien el país tiene uno de los peores indicadores de salud sobre la situación del continente y una alta prevalencia de VIH / SIDA, también tenía uno de los programas más eficaces para combatir la infección (hasta los terremotos recientes que asolaron parte de la isla).
Vi también los efectos que siglos de deforestación no regulada han causado al país y a su medio ambiente, y cómo la deforestación podría explicar el mayor impacto que los desastres naturales han tenido sobre el país. Como si el pueblo haitiano no hubiera sufrido bastante. . .
Como muchos, me pregunto si hay un futuro para este país, y qué forma tendrá ese futuro, sobre todo después que la primera fase de la reconstrucción se haya completado.
Creo que los considerables recursos naturales y humanos que posee el país deben ser la base para una nueva sociedad, que compense los muchos errores causados antes al país.
Algunos expertos han propuesto fortalecer el país como un puesto de avanzada de fabricación de mercaderías para los países industrializados, principalmente Estados Unidos. Aunque este punto de vista no es incorrecto, sin embargo no tiene en cuenta la gran inteligencia y el ingenio de los haitianos. Aunque la re-creación de una base de fabricación es importante, es sólo parte de lo que Haití necesita. Lo que ahora se necesita es una base para un futuro sostenible a través de la renovación agrícola, la educación, una sólida infraestructura, un mayor desarrollo del turismo, mediante la estimulación de actividades artísticas y, sí, también de fabricación de mercaderías.
Haití ha sido tradicionalmente una nación de agricultores, aunque el país ha pasado por uno de los procesos de deforestación más marcados que cualquier otro país en las Américas. Por ello, la reforestación, como ya se había llevado a cabo, aunque de manera limitada - y la creación de una fuerte base agrícola son pasos críticos. Con el fin de lograr estos objetivos, otros gobiernos deben cooperar en la reconstrucción de la agricultura en forma sostenible, ecológica. Pero también Haití necesita políticas de comercio justo por parte de los países industrializados, en particular los EE.UU.
No puede haber un renacimiento del país sin un esfuerzo serio de educación masiva. Un plan nacional de educación se puede crear con la participación de los maestros y administradores de otros países que deseen colaborar. Los avances que Haití estaba haciendo en la lucha contra el VIH / SIDA indican que, dado el apoyo adecuado, el país puede responder adecuadamente a sus necesidades. Y lo mismo es cierto para Haití como fuente de creación artística, estrechamente asociada a su potencial turístico.
Aparte de la forma obvia de la reconstrucción de casas, se deben construir caminos para facilitar el movimiento fácil de las personas y bienes en todo el país. Esto puede ser una forma más útil de emplear gran número de trabajadores quienes pueden estimular las economías locales.
Con los años, una fuga de cerebros ha evacuado a los mejores talentos del país. La colaboración de la diáspora haitiana es fundamental para la reconstrucción del país, un proceso que puede ser estimulada mediante la financiación de contratos temporales a los profesionales y técnicos haitianos que viven en el extranjero. El grado de cooperación de las autoridades nacionales y organizaciones internacionales de ayuda determinará el futuro de este sufrido y noble país.
El 28 de Enero, un grupo francés de rescate encontró a Darlene Etienne, una joven de 17 años quien, increíblemente, había sobrevivido dos semanas bajo los escombros de un edificio. Sabemos que es difícil que nadie pueda sobrevivir por más de 72 horas sin agua, mucho menos dos largas semanas. Y aunque es posible que Darlene haya tenido acceso a un poco de agua de los restos de un baño ubicado cerca y, según se la oyó murmurar poco después del rescate, tenía con ella restos de una botella de Coca Cola, su sobrevivencia es casi milagrosa. En un periódico veo su cara llena de lágrimas y cubierta de polvo. Son las lágrimas secas de Haití.
César Chelala, consultor internacional de salud pública, es co-ganador del premio Overseas Press Club of América.